Lleida,
la capital de la provincia, es el principal núcleo económico y demográfico de la
Cataluña interior. Ciudad tradicionalmente agrícola, en los últimos decenios se ha
convertido también en centro industrial, comercial y de servicios con una animada vida
cultural.
La ciudad antigua, encaramada sobre un cerro y dominada por la catedral, tiene una silueta
inconfundible. Su existencia es muy antigua. Fue capital del territorio ibero de los
Ilergetes, cuyos caudillos Indíbil y Mandonio opusieron resistencia a las tropas de los
Escipiones durante la 2º guerra púnica. Ciudad romana denominada Ilerda, fue también
clave durante la guerra entre Julio César y Pompeyo, hechos que se recogen en De Bello
Civile, escrito por el mismo Julio César. Posteriormente fue una importante metrópoli
religiosa visigoda. En poder de los árabes desde el 719 hasta 1149, mantuvo su función
de plaza fortificada en la llamada Frontera Superior. En esta época se construyeron
canales y acequias que fueron la base de la riqueza agrícola posterior de la zona. En
1149 fue conquistada por Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona y Ermengol VI, conde de
Urgell. Los Templarios recibieron una parte importante del territorio. En 1228, Jaime I la
convirtió en ciudad de fuero real, y continuó recibiendo privilegios reales hasta
mediados del 1400, entre ellos el de ser sede universitaria. A partir de entonces fue
objeto de sitios y agresiones bélicas, debido a su situación estratégica. En 1707,
durante la guerra de Secesión perdió los tres elementos más distintivos de la ciudad:
la universidad, la Paería y la Seu Vella.
Lleida entra entonces en un periodo de decadencia y postración que dura hasta mediados
del siglo XIX, cuando se inicia un proceso de revitalización. Se abren calles, mercados,
llega el ferrocarril y se reanima la vida cultural.
La Seu Vella
La antigua catedral es un interesante edificio, a pesar de los daños sufridos en 1707
cuando fue utilizada como fortaleza por Felipe V. Comenzada en 1203 en estilo románico,
se terminó con formas góticas en 1278. Presenta un insólito claustro frontal, con
bellos ventanales y arquerías góticas. Sus magníficas portadas, especialmente la dels
Fillols y la de la Anunciata, fueron ejecutadas por artistas de la escuela leridana. El
interior es severo y espacioso, tiene planta de cruz latina con esbeltas columnas y
capiteles esculpidos. La torre del campanario, de 70 metros, se eleva en un extremo del
claustro al lado de la puerta dels Apòstols.
Castillo de la Suda
Encima de la catedral, quedan restos del castillo que fue residencia de los árabes y
luego reformada por los monarcas catalanes. Es una sólida edificación de la cual solo
queda la estructura.
Iglesia de Sant Llorenç
Construida con formas protogóticas durante el siglo XIII, sobre el emplazamiento de una
antigua mezquita, se accede a su interior por el lado derecho, a través de una elegante
portada flanqueada por una torre octogonal del siglo XV. El interior consta de una nave
central románica flanqueada por dos naves laterales con bóvedas ojivales. En su interior
se conservan retablos góticos de piedra, diversas esculturas y tumbas de la casa de
Urgell.
La Seu Nova - Museu Arqueològic
Situada en la calle Major, eje principal de la ciudad antigua, se construyó en estilo
neoclásico en el siglo XVIII. Durante la guerra civil, en 1936, perdió el suntuoso coro
esculpido por Lluis Bonifaç, pero conserva entre otras piezas, el archivo y una rica
colección de tapices flamencos. Delante de la catedral, el antiguo edificio gótico del
Hospital de Santa María es la sede del museo arqueológico que alberga numerosas piezas
ibéricas y romanas encontradas en los yacimientos cercanos a la ciudad.
La Paeria
Actual sede del Ayuntamiento, se trata de un edificio del siglo XIII con una bella
fachada. Hay un pequeño museo en el subterráneo. |